Medallas
Mayo 11th, 2009
Los reconocimientos públicos han perdido, hace años ya, buena parte de su razón de ser. Quien concede uno de esos títulos honoríficos que llevan el nombre de la ciudad o de la provincia por apellido, no buscan premiar el reconocimiento de la persona o entidad supuestamente agasajada con su nueva aureola de hijo adoptivo de… o con una medalla de la ciudad… sino más bien su propio reconocimiento como la persona que estaba al frente de tal o cual institución aquella vez que se premió a fulanito de tal.
Bajando a tierra, esto explica que el nombramiento de hijo adoptivo de Sevilla que se le iba a otorgar a Miguel Bosé con motivo de los 25 años de aquella famosa canción que tenía por título el nombre de esta muy noble, muy heroica y muy pelota ciudad haya quedado desierto, después de que el artista haya advertido de sus problemas de agenda para asistir al acto institucional de entrega de los diplomas acreditativos de tal reconocimiento. Así que la Diputación, ni corta ni perezosa, ha decidido que nombrará a Miguel Bosé hijo adoptivo de Sevilla cuando éste pueda hacerse la foto con el presidente de turno, tal vez con motivo del vigesimosexto aniversario de la dichosa canción. Valiente ridículo…
Ahora, que para ridículo, el del alcalde de Sevilla preparándose el camino para, vislumbrando cerca el final de su etapa al frente de la Alcaldía hispalense, que el Ayuntamiento le bride un reconocimiento por lo que ha sido. El ego de Monteseirín no tiene límites, eso es sabido. Pero proponer de un golpe a los cuatro alcaldes que ha tenido Sevilla en democracia para darle todos ellos la Medalla de la Ciudad deja muy pocas dudas sobre sus intenciones. En el minuto 1 a partir de que él deje de ser alcalde, que llegará, será el único regidor sin tal reconocimiento, lo que obligará al alcalde de turno a tener la deferencia de concederle, esta vez a él solo, el mismo reconocimiento que a sus antecesores les fue concedido en rebajas.
Lo que pasa es que la jugada no le ha salido del todo bien. Son las cosas de Alejandro Rojas Marcos, que incluso desde el más allá de la política sigue siendo más listo que el hambre. El ex alcalde que retomó las riendas del metro que enterró Manuel del Valle e inauguró (de aquella manera) Alfredo Sánchez Monteseirín, le ha dicho a éste que no piensa aceptar la medalla de la ciudad, porque ser alcalde es un servicio público y no un mérito que haga a nadie acreedor de tal reconocimiento.
Al alcalde, al de ahora, le toca mover ficha… ¿Se la envainará…? No lo creo. Conociendo hasta dónde llega su egolatría, antes o después, la Medalla de la Ciudad será para él. Y si no, al tiempo.