El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por vez primera ha reconocido que España camina sin remedio hacia una grave crisis económica. Lo hace, eso sí, utilizando términos tan confusos como el decremento del crecimiento de la economía o la desaceleración económica. Hace gracia que el discurso político sólo utilice para explicar la realidad los términos macroeconómicos, muy manipulables, ahí está el ejemplo del IPC, para tratar de vender, ya que hablamos de economía, una visión interesada. A este respecto, a ninguno de los que defienden que crisis no es igual que desaceleración, ni al Gobierno ni a sus voceros, le he oído la más mínima mención a la cesta de la compra, ni a la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos. No sé, sinceramente, a qué esperan.
El presidente ha puesto sobre la mesa una serie de medias para combatir la crisis, que no pasan de ser meros gestos de cara a la galería. Como congelar el sueldo de los altos cargos, después de incrementar su número en un 55%. O recortar un 0,2% de los gastos corrientes y un 0,007% de los Presupuestos Generales del Estado como toda medida de contención del gasto público.
Es un comienzo. Pero a mí me da que va a ser insuficiente. Yo le propondría, por ejemplo, más allá de congelar el sueldo de los altos cargos, hacer desaparecer (sin necesidad de que parezca un accidente, que no estoy promoviendo yo la violencia) a la mayoría de ellos, de forma que al tiempo que el Estado se ahorra unos buenos pocos miles de euros, éstos quedarían liberados para dedicarse a actividades productivas de tal modo que contribuyan con su trabajo a incrementar el PIB nacional.
También se podrían suprimir las diputaciones provinciales, que no tienen una sola competencia propia que no tengan ya las comunidades autónomas o la administración central, y poner a trabajar también a toda esa pléyade de ex alcaldes y ex concejales que se dedican a no hacer nada con sueldo de altos cargos. Además, las sedes se podrían alquilar para turismo rural, lo que permitiría al Estado ingresar también un dinerito.
O en los diferentes parlamentos, en el Congreso y en las comunidades autónomas, se podrían eliminar dos diputados por cincunscripción (sólo dos, ojo, que no estoy planteando su desaparición… aunque es algo que podría estudiarse). Sólo en el Congreso serían 110 sueldos de diputados los que nos ahorraríamos. Si contamos también los parlamentos autonómicos, pues el doble.
Por supuesto, se acabaron las recepciones y las comilonas. Las cigalas, que se las pague cada uno en la cena familiar de Navidad. Por ley, prohibir las facturas de restaurantes y otros sitios de comer como documentos justificativos de gastos. A los diputados y altos cargos que queden, que les paguen la comida (la de la manutención diaria, se entiende) en cheques restaurantes. Móviles sólo para altísimos cargos. Nada de coches oficiales, bicicletas que es más sano. Las misiones comerciales que las realicen los empresarios…
También se podría suprimir el Consejo Audiovisual de Andalucía y todos sus gastos inútiles.
Seamos serios, por favor