Hace diez años que tengo clavada una espina. Nunca pude escribir la crónica que nunca hubiera querido escribir. Vaya paradoja. El 30 de enero de 1998 ETA mató a Alberto Jiménez Becerril, concejal de Sevilla, y a su esposa, Ascensión García Ortiz, procuradora de los tribunales. Yo trabajaba entonces en Diario 16 Andalucía, en lo que quedaba de aquello que un día había sido una cabecera histórica y fundamental en la prensa andaluza, vaya. Pero los tres murieron a un tiempo, Alberto y Ascen, y el Diario 16 Andalucía. A los tres los mataron.
El último periódico se publicó el 4 de enero, creo recordar. Los últimos propietarios no le pagaban a nadie desde hacía meses. A los trabajadores, por supuesto, tampoco. Ya no había ni luz en aquella nave 13 de la calle B del Polígono Calonge de hace una década, nada que ver con lo que es hoy. Tampoco quedaban bobinas de papel para la rotativa. Llegó un día en el que un agente de la Policía Nacional nos acompañó a cada uno de los trabajadores hasta la redacción, en la planta superior (abajo estaban los talleres, la rotativa y la administración), para que pudiéramos recoger las pocas pertenencias personales que cada uno aún tuviera allí. No mucho: la agenda, la grabadora, alguna foto… La sede del periódico había sido embargada por los impagos de los dueños y precintada judicialmente.
“¡Que han matado a Becerril!”. Aquellas palabras de mi madre fueron las que me despertaron sobresaltadamente esa fría mañana de enero. Aún martillean en mi cabeza. “¿Cómo?” La mujer había oído la noticia en la radio… “¿Qué dices, mamá? ¿Que han matado a la alcaldesa?”. “No, al otro Becerril… y a su mujer, de un tiro”. El “otro” era Alberto. A él y a su mujer, Ascensión, los asesinos les habían descerrajado varios disparos en la cabeza cobardemente por la espalda. De inmediato se me vinieron a la mente algunos de los momentos que compartí con él. El último fue en la copa de Navidad del PP aquel año, en Becerra, como siempre. Y recuerdo la conversación. “Qué bien se come en Asturias…”, decía él. También lo recordé en el patio del Ayuntamiento atento a la televisión, en 1997, mientras en Lausana se decidía si Sevilla seguía adelante en su carrera por organizar los Juegos Olímpicos de 2004… No pudo ser. Recuerdo sus lágrimas al inicio de aquella rueda de prensa en la Sala de Fieles Ejecutores de la Casa Consistorial en la que él solo (la alcaldesa, Soledad Becerril, y Alejandro Rojas Marcos estaban en Suiza recibiendo en vivo la mala noticia) tuvo que enfrentarse a la realidad de aquella decepción olímpica… Recuerdo su nudo en la garganta, recuerdo que no le salía la voz del cuerpo… hasta que fue capaz de transformar en una broma su abatimiento.
El periódico no salía ya. El 30 de enero no teníamos voz para gritar la rabia por estas muertes sin sentido. Pero éramos periodistas. Y conocíamos a los muertos. Sólo cuando el terrorismo te golpea tan de cerca consigues dejar de verlo como un titular de periódico y lo sientes tan real como real es la muerte. Nuestros teléfonos empezaron a sonar. Recuerdo que hablé con María Luisa, con Chiqui… En menos de media hora (yo vivía en Alcalá de Guadaíra entonces) estábamos todos en el Ayuntamiento, con los demás. Allí estaban Teresa, Eva, Javier, el otro Javier, Ignacio… Lo recuerdo como si los estuviera viendo. Ellos ya no estaban en el Diario, habían iniciado una nueva aventura periodística en El Mundo, y sí podían contarlo. Aunque tampoco hubieran querido hacerlo nunca.
Teníamos que estar allí y allí estábamos. Nos faltaba el soporte, el medio, la voz. Pero éramos periodistas y allí estaba la noticia. Recuerdo, porque aún lo siento en mi piel y mis entrañas, el dolor en el aire; el silencio clamoroso de la muchedumbre agolpada a las puertas del Ayuntamiento y aun dentro; las lágrimas de rabia, las flores en Don Remondo…
Diez años hace ya de aquello. Ha llovido desde entonces; las cosas no son igual que en 1998. Ahora trabajo en El Mundo y gracias a internet hoy puedo contar siempre lo que quiero. Soledad Becerril no es alcaldesa ya, sino que se presenta a las elecciones para el Congreso de los Diputados. El alcalde es otro, Alfredo Sánchez Monteseirín, del PSOE. El Gobierno, ahora con Rodríguez Zapatero a la cabeza, ha cambiado radicalmente su política respecto a ETA; yo diría que ha claudicado al terror, pese a los muertos. La Fundación que nació para honrar la memoria de los dos asesinados por los terroristas en Sevilla se ha convertido en un instrumento de confrontación política, de la política más baja imaginable…
Sólo una cosa permanece intacta, imborrable, inalterable: el recuerdo trágico y real de aquel aciago día.