Vandalismo
Sábado, Enero 26th, 2008
La Policía detiene a un ‘grafitero’ que ha provocado daños por 14.000 euros con pintadas en el tranvía.
La Policía aún busca a los que han causado daños por 90 millones de euros.
Sábado, Enero 26th, 2008
La Policía detiene a un ‘grafitero’ que ha provocado daños por 14.000 euros con pintadas en el tranvía.
La Policía aún busca a los que han causado daños por 90 millones de euros.
Martes, Enero 8th, 2008
Lo de esta ciudad cada día me parece más cutre. Al mismo tiempo que cierra Altadis (cuatro siglos de historia a tomar por saco) y que las cajas de ahorro pegan la espantada (entiéndase espantá) del accionariado de Isla Mágica (lo que parece abocar al parque de atracciones a un definitivo callejón sin salida), el debate ciudadano parecen querer enfocárnoslo hacia los problemas que ha tenido este año la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla. Que ya son cutres, por cierto.
Ciudad cutre, con problemas cutres, en manos de gobernantes cutres. Porque, después de no sé cuántos años celebrándose cada 5 de enero la cabalgata, en esta Sevilla del siglo XXI, de la modernización imparable, del pacto de progreso y del urbanismo humanizado, ahora resulta que van y no caben las carrozas bajo la iluminación navideña. Cutre.
El Cecop (invento cutre donde los haya) convoca al Ateneo a una reunión para analizar lo sucedido. Solución cutre, cuando ya se sabe lo que ocurrió, cuestión más que evidente pues quedó a la vista de todos. El concejal Torrijos abre en su área una investigación para aclarar lo sucedido. Investiga si no quieres que se sepa lo ocurrido.
La empresa que lleva cuarenta años instalando la iluminación navideña culpa al Ateneo (que no sé si es cutre, pero rancio, tela) por no haber revisado el recorrido de la cabalgata, como hacen las cofradías en Semana Santa antes de poner sus pasos en la calle, para detectar posibles obstáculos al paso del cortejo.
Claro que ahora entiendo yo las declaraciones del alcalde Monteseirín, hoy en Canal Sur, intentando explicar por qué las obras de la Encarnación tendrán un retraso de más de año y medio sobre el segundo plazo previsto y me explico así que las obras de la línea 1 del metro acumulen también más de dos años de atrasos o que el tranvía se tire casi más tiempo arriado que en marcha. Si entre unos y otros no son capaces ni de organizar la cabalgata de Reyes Magos, ¿cómo pretendemos que nos hagan un metro o una plaza futurista en medio de la Sevilla más cutre?
Miércoles, Noviembre 28th, 2007
Como no sólo de juicio vive este blog, aquí les dejo un post dedicado al delegado de in-Movilidad, Fran Fernádez, aquel que cuando era un simple delegado de Tráfico anunciaba “tolerancia cero” con la doble fila y el aparcamiento indiscriminado.
Les propongo un juego, y les doy una pista: sólo uno de los coches que aparecen en la imagen estaba circulando en el momento en que se tomó la instantánea. ¿A que no saben cuál es?
A riesgo de que me acusen de “montaje”, he de decirles que lo que ven en la imagen que ilustra este blog lo pueden ver cualquier día a cualquier hora en la avenida de Sánchez Arjona.
A propósito de la inmovilidad, leo con fruición una ciberentrevista que le hacen al alcalde de Sevilla (Alfredo, perdóneme, pero le tenía un poco olvidado en este blog con todo esto del juicio del espionaje; no volverá a pasar), en la que anuncia que para 2008 el tranvía llegará… ¡tachán! a San Bernardo. Eso es lo que dice el titular: en el interior, lo matiza, dice algo así como que empezará en 2008.
Para entonces, habrá que pensar en echarse un bocadillo en la cartera, porque hacer todo ese trayecto, del Prado de San Sebastián a San Bernardo, del tirón y sin parar no es moco de pavo… (¿se entiende la ironía?)
Jueves, Noviembre 15th, 2007
Que no, que no pienso hoy escribir nada del tranvía. Que me da igual que se haya averiado por tercera vez en 17 días. Aun así, no pienso insistir en lo que he dicho en otras ocasiones cuando sí quería hablar de la tomadura de pelo que era el tranvía. Ya he dicho anteriormente que este tranvía, aparte de caro carísimo, no servía para nada… Pero hoy no pienso ni hacer un chiste por el despropósito continuado del tranvía, ni protestar por el despilfarro que ha supuesto, ni nada de eso.
Sí, es verdad que se ha vuelto a parar, pero ¿que quieren que les diga que no haya dicho ya del tranvía de Monteseirín? Decididamente, no pienso escribir del tranvía.
Más que nada, por que cuando lo anecdótico se convierte en habitual, deja de ser noticia. Y ya se ha averiado muchas veces. Demasiadas veces para que siga sorprendiéndonos.
Lunes, Noviembre 5th, 2007
Se me acaban las palabras para describir el despropósito en que se ha convertido el dichoso trenecito, que parece más el título de una canción de Georgie Dann que un medio de transporte en condiciones. De esto último sólo tiene lo de medio, que por algo se ha parado ya dos veces sin terminar de recorrer los 1.400 metros que separan el principio del final. Es lo que se llama un proyecto de corto recorrido.
Lo que está claro es que lo de este tranvía nuestro que descarrila cada día es de película. No sé si sería de terror, una comedia o un drama. Seguramente podría tener elementos de estos tres géneros y de algún otro. Ya me imagino la pipa de Rodrigo Torrijos (por aquello de Marx, Karl, que no Groucho) echando humo cual locomotora mientras grita pidiendo más madera, que es la guerra.
Por eso de aprovechar los trenes (sin segundas), y coincidiendo con el Festival de Cine, en el que el tranvía caracterizado como metrocentro estaba llamado a ser la estrella del mismo, en medio, además, de la huelga de guionistas de Hollywood, ya podría algún productor tomar nota de lo que ocurre en Sevilla para hacer una película. Se me ocurre, a propósito de la presencia del checo Jirí Menzel en Sevilla, que se podría hacer una versión de sus Trenes rigurosamente vigilados, título que le viene al pelo a esto nuestro para lo que a mí se me han acabado los calificativos. O, en género de terror, un remake de El tren del terror, en el que un psicópata interpretado por David Copperfield utilizaba sus trucos de magia para quitarse de en medio cuando las cosas se ponían feas.
En plan comedia tal vez se podría homenajear al gran Luis Buñuel, que en su época mexicana filmó La ilusión viaja en tranvía, en la que unos desgraciados roban un tranvía, dando lugar a situaciones casi tan disparatadas como las que se viven en Sevilla cada dos por tres.
Por no hablar de Un tranvía llamado deseo, de Elia Kazan, dirigida en esta nueva versión por Alfred Monteseirín y en la que Frank Fernández podría marcar bíceps bajo una ajustada camiseta a lo Marlon Brando. O El maquinista de la General, que no es una caja de ahorros, con Buster Keaton haciendo de Martínez Salcedo.
Miércoles, Octubre 31st, 2007
A veces he tenido la tentación de buscar aquel tren eléctrico que mis hermanos y yo tuvimos de niños. Recuerdo que, paradójicamente, la primera locomotora (creo que la única, en verdad) que tiró de los vagones de aquel tren eléctrico fue una a vapor, una preciosa miniatura de los años 60 de la marca Marklin, a escala HO. Recuerdo también que el alto precio que tenían las piezas originales nos hizo a mis hermanos y a mí conformarnos con los accesorios compatibles de otras marcas mucho más baratas…
Recuerdo que cada tramo de vía original tenía una textura rugosa al tacto que asemejaba el balasto sobre el que se apoyan las traviesas de una vía ferroviaria real. Las piezas baratas sustituían esa rugosidad casi romántica, como todo en torno al tren, por unas pintas negras sobre una pletina de chapa pintada de un amarillo sucio. Nosotros nos hacíamos a la idea de que eran lo mismo, de que servían para lo mismo que los tramos de vía que venían en aquella caja azul con aquella preciosa locomotora de vapor. Pero en nuestro interior sabíamos que no era así.
Con los vagones pasaba algo parecido. Recuerdo que el que traía la locomotora que nos regalaron en primer lugar era uno de carga, de color rojo, muy simple. Demasiado para nuestras fantasías de niños jugando a conquistar los territorios vírgenes de la sabana africana, el lejano Oeste o las estepas siberianas. Recuerdo que durante un tiempo les pedíamos a los Reyes Magos vagones para ampliar aquel trenecito. Y que los Reyes Magos nos los traían… Pero también eran de imitación. El sueldo de un Rey Mago de la época no daba para atender los lujos de una familia numerosa como la mía. Recuerdo que presentaban un defecto insalvable: no pesaban nada, y a cada curva terminaban descarrilando y arrastrando tras de sí a la pesada locomotora.
Fue una fiebre pasajera, como la que rodea la mayor parte de los caprichos infantiles. Estuvimos meses, recuerdo, reuniendo piezas (tramos de vías, cambios de aguja, vagones…), en un intento por convertir aquel pequeño tren eléctrico en algo grande. Pero las vías de imitación terminaban por producir fallos en el suministro eléctrico y los vagones que habíamos reunido descarrilaban una vez tras otra hasta hacer insoportable el juego.
Terminamos por renunciar a las piezas que no eran sino un sucedáneo de las originales. Y sólo dábamos vueltas y más vueltas a la vieja locomotora y su vagón de carga por el óvalo de vías de la marca Marklin. Hasta que nos aburrimos de hacer siempre lo mismo. Y es que ese tren no era un juguete en sentido estricto. Era una maqueta, una pieza de coleccionista, para contemplarla, para olerla, para extasiarse observando sus detalles, pero no para jugar, aunque nosotros lo intentáramos. Lo descubrimos muy tarde.
No sé dónde están las piezas de aquel tren. La locomotora, los vagones, las vías, los mandos que hacían moverse al tren… En casa de mis padres, seguro. Probablemente en el trastero. Cubiertas de polvo y casi olvidadas, si no fuera por el accidente del tranvía de Sevilla, que me lo ha devuelto a la memoria. Al fin y al cabo, el tranvía no es sino un sucedáneo de lo que esta ciudad venía demandando desde mucho antes de que yo tuviera mi tren eléctrico: un metro. El alcalde se conforma con un juguete, pero en su interior sabe que no es lo mismo. Por algo fue él quien lo bautizó como metrocentro. Esperemos que no lo termine arrinconando en el trastero de los proyectos olvidados y que algún día, a ser posible pronto, nos demuestre a los incrédulos que el tranvía no es ni un juguete, ni una maqueta, sino una realidad. Porque hasta ahora, sólo ha estado jugando con él y nos lo ha enseñado para que contemplemos sus detalles. Pero, de momento, no ha demostrado que sirva más que para dar paseítos (siempre que no descarrile, claro), del Prado de San Sebastián a la Plaza Nueva y volver. Como mi vieja locomotora Marklin.
Martes, Octubre 30th, 2007
¿Y ahora, qué? Juro que no me alegro. Es más, me jode lo indecible que me tomen por agorero. Pero que el tranvía es una tomadura de pelo, sin paliativos, somos muchos los que lo veníamos avisando.
Nunca me ha gustado andar con paños calientes. El tranvía es un desastre, y muy caro, por cierto. Porque no es lo mismo valor que precio. Porque no es el interés general, sino el partidista, lo que ha llevado a los responsables municipales a poner en marcha este sucedáneo de tranvía. Porque no es un servicio público el que presta, sino sólo de propaganda. Porque es un capricho personal del alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, que no ha tenido el más mínimo escrúpulo en gastarse en su juguete un dinero (mucho dinero, al menos 80 millones de euros) que no es suyo.
Lo de Magdalena Álvarez es de dimisión. Pero lo de este alcalde, también. Por inútil (mira que se le han hecho pruebas al tranvía, que lleva meses en prueba; pues nada, ni 78 horas ha tardado en descarrilar desde que entrara en funcionamiento), por vanidoso (insisto en lo dicho, con el tranvía sólo buscaba construirse un monumento a su mayor gloria), y por despilfarrador.
Lunes, Octubre 29th, 2007
El domingo, las de quienes se montaron gratis en el tranvía del alcalde, feliz como niño con trenecito nuevo.
El lunes, las que se formaron en la Pasarela al paso del tranvía. Hasta la Puerta de la Carne en un sentido, y hasta el Casino de la Exposición, en el otro. Que no me lo han contado.
Domingo, Octubre 28th, 2007
Que no de la Palmera, que ésa es otra. La de los palmeros también se acolapsa, pero son otras las criaturitas y es otro donmanué, que aquí se llama Alfredo. El alcalde de Sevilla ha elegido este domingo, 28 de octubre (vigésimoquinto aniversario del triunfo electoral socialista de 1982, por más señas) para poner en marcha el tranvía más probado (porque anda que no lleva tiempo en pruebas) y más corto del mundo. Que ya era hora, por cierto.
El alcalde se ha asegurado de que en la definitiva (por ahora) puesta en marcha del gracioso trenecito hubiera gente dispuesta a aplaudirle hasta ese tranvía de la señorita Pepis que lleva inaugurando meses, banda de música incluida. En plena fiebre de memoria histórica, la que fue avenida de José Antonio, rebautizada en la Transición como Avenida de la Constitución, algunos la han convertido (por mor de la histeria, que no de la historia; ya veremos a dónde nos lleva este tranvía) en la avenida de los palmeros.
Para colmo, el Ayuntamiento de esta muy leal, etc… va y edita un folleto sobre el tranvía (líbreme Dios o el sentido común de referirme a él como metrocentro), en el que recomienda a los peatones de esta avenida peatonal que “no caminen sobre el trazado de la vía” para evitar que los atropellen y advierte, asimismo, que “el tranvía siempre tiene prioridad”… ¿No va a ser prioritario? No hay más que ver los esfuerzos, sobre todo económicos, que ha hecho Monteseirín (con el dinero de los contribuyentes) por inaugurarlo a cualquier precio. Porque el dinero de los contribuyentes está para gastarlo en lo que la ciudad y los ciudadanos necesiten, no en propaganda ni en monumentos a la vanidad del administrador.
Y sigue. En el folleto se nos explica a los ciudadanos que sólo un tranvía (no sé si se refiere a éste o al de San Francisco, pero bueno) es capaz de transportar simultáneamente a 250 personas. Y añade: tantas como viajan en 200 coches… Bueno, bueno, un momento: primero, como esas 250 personas quieran ir a la Macarena, lo llevan crudo. Y, segundo, si el tranvía lleva a 250 personas es porque va lleno, con lo cual, si los 200 coches van llenos también, llevarían a 1.000 personas, no 250. Es pura aritmética.
También se explica en el folleto que “el tranvía te lleva donde otros no pueden”. Pues claro, joder, a ningún sitio. Y el resto de los medios de transporte te lleva justo a donde el tranvía no puede, porque de la Plaza Nueva no pasa.
En fin, que ya tenemos tranvía, un tranvía a la medida de sus promotores. De choteo.
Martes, Octubre 2nd, 2007
1. No monto en bicicleta, porque no me da la gana.
2. Mi abuela no monta en bici, porque no puede.
3. Me tocan los cojones quienes apelan al bienestar de los peatones (ojo, todos somo peatones en algún momento; no es una condición que se obtenga por carné) y para ello anteponen a los pobres niños, ancianos y minusválidos, cuando también estos (o estos más que nadie, mejor dicho) tienen necesidad de moverse a bordo de vehículos a motor.
4. Tengo derecho a llegar al centro de algún modo. No exijo entrar en coche, pero sí alguna alternativa. Y quiero poder ir (y regresar) cargado con bolsas y paquetes, tirando de niños y sin mojarme, si estuviera lloviendo.
5. Que el metro no pueda cruzar el centro histórico de Sevilla por el subsuelo no es un problema de ingeniería, sino de dinero. Y el problema del dinero no es éste, sino las prioridades, que no siempre se establecen conforme al interés general.
6. Pago todos mis impuestos. Están domiciliados para no tener los olvidos que tienen otros. Entre ellos, cada año pago el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM), con lo que contribuyo a sufragar los costes sociales que conlleva la utilización de vehículos a motor.
7. Me opongo a que se culpe a los coches, sólo a los coches, del problema de la contaminación y de cómo ésta afecta a los monumentos. Si ellos son los culpables, exijo el mismo trato que se le pretende dar a los vehículos particulares para los taxis y los coches oficiales de nuestros gerifaltes.
8. Estoy a favor de que se adopten medidas para proteger el medio ambiente y el patrimonio. Habría que protegerlos, entre otros agentes agresivos, de los políticos y sus proyectos de cara al electorado.
9. Estoy más a favor de que se proteja a las personas, de que éstas sean el leit motiv de la gestión pública, de que el interés general se imponga, de una vez, al interés partidista.
y 10. No me gusta que me anden diciendo lo que tengo que hacer.
Martes, Octubre 2nd, 2007
El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, acaba de anunciar que en dos o tres años, ahí es nada, se le quitarán al tranvía que aún no funciona las catenarias que hace meses que ya tiene.
Qué quieren que les diga… Que no me lo creo. Y no me lo creo no porque yo sea un incrédulo, que lo soy. No me lo creo, por que ni el alcalde se lo cree. Él sabe que no es cierto. Por que él ha oído a los técnicos. Él, o uno de los suyos. Y los técnicos se lo deben de haber dicho con la misma claridad que se lo han dicho a todo el que ha querido escucharles.
Las catenarias no se pueden quitar. Con la tecnología actual, no. Y esperar a que en dos o tres años la tecnología vaya a encontrar solución al problema del tranvía de Sevilla es mucho esperar. Por que el problema que tiene este tranvía que aún no funciona es que no tiene ni recorrido. 1.400 metros en total, desde la estación del Prado, al punto más lejano de la Plaza Nueva.
Y el recorrido que hace (que hará, claro, quiero decir) el trenecito hasta la Puerta de Jerez es insufciente para recargar las baterías que le permitan circular sin necesidad de catenarias por toda la avenida de la Constitución, la Plaza Nueva y la avenida de la Constitución de nuevo, antes de volver a la Puerta de Jerez donde de nuevo podría volver a alimentarse a través de las catenarias.
Seguir comparando este tranvía con el de Berlín, por ejemplo, debería estar castigado… Que no somos tontos.
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